¿Por qué es mejor un chupete personalizado?

No se trata solo de una cuestión de gusto o estética, que también. Los chupetes personalizados tienen ventajas añadidas.

Chupetes personalizados

Es obvio que a nosotros nos gustan los chupetes personalizados, por eso los vendemos. Pero además creemos que tienen ventajas sobre los chupetes normales y corrientes.

Comunicación

Vivimos en la era de la comunicación, y un chupete personalizado con el nombre del bebé o la frase que sus padres prefieran es una especie de tarjeta de presentación que dice algo del pequeño propietario o de sus papás. Además, el bebé puede aprender antes a identificar su nombre si se acostumbra a verlo escrito en sus objetos personales.

Obsequio

Los chupetes personalizados son un bonito regalo. Si nuestro mejor amigo va a convertirse en padre y ya sabe si el futuro bebé será Alejandro o Alejandra, quedaremos muy bien llevando a la maternidad un chupete personalizado de regalo cuando nos avise de que el recién nacido ya está aquí.

Higiene

El chupete personalizado es muy útil en las escuelas infantiles para que no haya confusión con el de otros niños a la hora de la siesta o durante el juego, en el parque, etc. Los educadores agradecerán saber siempre a quién pertenece cada chupete y contribuiremos a evitar los habituales contagios en la guardería.

Comodidad

Nuestros clientes pueden elegir el modelo de chupete personalizado que más les guste en nuestra web, teclear ellos mismos la frase que más les guste o el nombre de su bebé, decidir cuántos chupetes quieren y recibirlos cómodamente en su domicilio al cabo de unos días. El servicio de correos llevará el pedido a cualquier lugar del mundo.

Exclusividad

El chupete personalizado es un elemento de distinción: nuestro bebé, que es el más exclusivo del mundo, se merece utilizar chupetes con su propio nombre.

Además, nuestros chupetes son absolutamente seguros, de gran calidad, fabricados en Europa por marcas de prestigio y cumplen con las más estrictas normativas.

El gran dilema con el recién nacido: ¿le damos chupete o no?

Cuando va a nacer un bebé nos planteamos si vamos a ofrecerle chupete o si podremos evitarlo. ¿Qué es mejor?

Ofrecer chupete al recién nacido o no

Hay padres que no quieren ofrecer a su recién nacido un chupete. Pueden tener muchas razones. Una es que piensan que lo que no se conoce, no se echa de menos. De manera que si su bebé no usa chupete, se ahorrarán el tener que comprarlo, los disgustos cuando se pierda en el momento más inoportuno, la dependencia, la posible resistencia a abandonarlo cuando el pequeño tenga unos añitos…

Otros padres piensan que va a ser un rollo estar poniendo el chupete al bebé cuando se le caiga durante la noche y llore pidiendo ayuda porque aún no sabe ponérselo solito.

También se dice que puede interferir en la lactancia, por lo que es preferible esperar a que el niño y la madre sepan cómo funciona el asunto.

Y hay algunas personas que, por principios, están absolutamente en contra del chupete.

Razones a favor

Cada papá y cada mamá pueden actuar con su hijo como consideren más conveniente. Usar chupete no es mejor ni peor, pero nosotros creemos que el chupete tiene más ventajas que inconvenientes, y lo demostramos en muchos posts de este blog.

Algunas de ellas son:

1. El chupete es mejor que el dedo. Es cierto que el niño tiene su dedo siempre a mano, y nunca mejor dicho. Pero el dedo sí puede causar deformaciones y resultará imposible de retirar cuando llegue el momento.

2. Los niños necesitan chupar, hay una necesidad de succión no nutritiva que calman chupando lo que tienen más a mano. Así que más vale ofrecerles algo pensado para ello, higiénico, seguro y bien diseñado. También pueden calmarse con el pecho, pero las mamás no son chupetes.

3. El chupete es un gran consuelo y los niños parecen a veces muy desconsolados. En ocasiones, cuando no tienen hambre, ni sueño, ni están malitos…, se tranquilizan mágicamente con su chupete.

4. Además, el chupete les ayuda a establecer la rutina del sueño y los horarios en su día a día. Así que ¿por qué no ofrecerles un chupete?

El reflejo de succión

Los bebés succionan ya en el útero materno, nacen con este reflejo vital que desaparece con el tiempo.

La succión es un instinto que permite sobrevivir al recién nacido. El bebé succiona cuando se le acerca el pecho a la boca, de forma automática, pero también si le ponemos un dedo entre los labios, el chupete o cualquier otro objeto. Este reflejo va desapareciendo progresivamente a partir de los seis meses.

Un reflejo muy útil

El reflejo de succión tiene dos funciones:

1. Función nutritiva. Gracias al reflejo es posible chupar y tragar. De este modo el bebé puede alimentarse, extraer la leche del pecho materno o del biberón, y calmar así su sensación de hambre.

2. Función no nutritiva. Succionar favorece el desarrollo psicológico y madurativo del niño. Permite al bebé calmar su ansiedad, relajarse, descargar tensiones. Se considera una actividad normal durante la fase de desarrollo fetal y en los primeros años de vida.

La mayoría usan chupete

Para satisfacer este reflejo de succión, el 85% de los bebés utilizan chupete y el 15% prefieren chuparse el dedo o chupar cualquier otra cosa. Casi todos querrían tener el pecho de mamá en la boca a cualquier hora, pero no siempre puede ser.

Con la edad, la necesidad de chupar desaparece y hacia los dos años o dos y medio ya podremos retirar el chupete, pues, en la mayoría de los casos, veremos que el niño pedirá menos su chupe o, si es fan de su dedo, irá abandonando el hábito de meterlo a menudo en la boca.

Succionar es calmante

Los bebés necesitan succionar cuando sienten dolor, angustia, molestias, hambre… Chupar les calma. Pero además, unas chupaditas de dedo o de chupete, permiten a los padres retrasar un momento las necesidades de comer, dar consuelo o acostar a sus hijos cuando resulta imposible atenderles inmediatamente.

Se chupa el dedo, ¿cómo evitarlo?

A muchos padres les molesta esta costumbre de sus hijos.

Quienes trabajamos en Chupetes Personalizados creemos que los niños tienen todo el derecho del mundo a chuparse el dedo. Los pequeños sienten la necesidad de succión y esto es así durante al menos dos años. Después, este instinto desaparece, pero chuparse el dedo puede haberse convertido en un hábito que gusta al niño, le tranquiliza, le ayuda a dormir, le da seguridad…

Es cierto que siempre decimos que ofrecer un chupete al bebé es preferible porque así podrá abandonar la costumbre de chupar más fácilmente que si se trata de su propio dedo, pero no todos los bebés lo aceptan; puede que el nuestro lo rechace y, en ese caso, no debemos obligarle.

Respetemos a nuestro hijo

Cuando el hábito persiste en contra de la voluntad de los padres, untar los dedos del niño con sustancias amargas, ponerle guantes, reñirle, ridiculizarle o, peor todavía, darle un manotazo, es algo que nunca debemos hacer. Además de ser antipedagógico, no da buenos resultados. Estos métodos perjudican gravemente al niño, e incluso puede que conduzcan a que la costumbre se intensifique.

Si el niño se chupa el dedo de vez en cuando, no le demos importancia; dejará de hacerlo con el tiempo. Si lo hace muy a menudo y ya es mayor, si por tener el dedo en la boca no juega, si se causa irritaciones o deformaciones, si otros niños se ríen de él…, consultemos con un psicólogo. En los casos persistentes, el problema no está en el dedo, sino en que el pequeño sufre inseguridad, miedo, ansiedad…

Para dejar de necesitar su dedo, nuestro hijo tendrá que ser más feliz e incrementar su autoestima, y eso se consigue con mucho cariño, atención, juegos, tiempo compartido…

Tengamos paciencia

Cuando veamos que un niño se chupa el dedo, no le riñamos; por el contrario, ignoremos la acción. En ese momento, podemos proponerle jugar a algo para lo que necesite sus manos: moldear plastilina, ayudarnos a cocinar, colorear un dibujo, etc.

Cuando esté un rato sin chuparse el dedo, elogiémosle por ello: «Qué bien has estado jugando todo el tiempo sin chuparte el dedo», y digámosle lo mayor que se está haciendo mientras le mostramos cuánto le queremos.

El chupete contribuye a evitar la muerte súbita

La muerte súbita de los bebés es algo terrible que se produce en niños aparentemente sanos mientras están durmiendo.

Ocurre con mayor probabilidad entre los dos y los cuatro meses de edad, más en niños que en niñas y con mayor frecuencia en invierno que en verano.

No se conoce a ciencia cierta por qué pasa, aunque se cree que se debe a algún tipo de inmadurez. Lo que sí se sabe es que las tasas de prevalencia se han reducido notablemente desde que se adoptan las siguientes precauciones:

1. Colocar siempre al bebé boca arriba para dormir.

2. No ponerle a dormir en la misma cama que los padres o con otros niños.

3. Acostarle solo en su cuna, mejor en la misma habitación de los padres, y nunca en sofás o superficies blandas.

4. Utilizar colchones rígidos en su cuna.

5. No fumar en el mismo espacio en el que él conviva, ni de día ni de noche; mantenerle siempre en lugares libres de humos.

6. No abrigarle demasiado, ni colocar en su cuna almohadones, almohadas, grandes edredones, etc.

7. Vigilar que la temperatura del cuarto no sea muy alta.

8. Cerciorarse de que el niño no esté caliente al tocarlo.

9. Amamantarle, porque la lactancia natural previene los contagios y las infecciones respiratorias que podrían causar el síndrome de muerte súbita.

Y además…

10. Hay que ofrecerle el chupete a la hora de dormir. Los chupetes pueden permitir que las vías respiratorias se abran más, además de impedir el sueño profundo. Los médicos creen que si el bebé se despierta fácilmente para reclamar su chupete o acelerar sus chupaditas, puede salir de una situación peligrosa por falta de oxígeno.

¿Por qué los bebés necesitan chupar?

Chupar calma la ansiedad del bebé y le tranquiliza.

Los chupetes se han inventado por algo: porque los bebés necesitan chupar. Ellos vienen al mundo con un marcado instinto de succión que desean saciar a toda costa.

Este instinto les ayuda a sobrevivir, pero también a descubrir el mundo y a aprender a qué sabe, si está duro o blando, si es suave o áspero, caliente o frío… La boca les proporciona mucha información.

La succión les calma y tranquiliza. Tengamos en cuenta que el recién nacido llega a un entorno desconocido en el que tiene todo por descubrir, deber aprender un montón de cosas y adaptarse a las reglas que rigen en su universo. Todo esto estresa. Por eso el chupete «pacifica» a nuestro pequeñín, y de ahí que el nombre del chupete en inglés sea pacifier, pacificador).

Mejor el chupete

Los bebés, de forma innata, van a calmar su instinto de succión con todo lo que pillen, con su dedos, sus juguetes o, si es preciso, ¡con la nariz de mamá!

No hay que prohibirles chupar, salvo que se trate de objetos manifiestamente sucios o peligrosos, en cuyo caso les daremos el chupete. Es conveniete ofrecérselo en esas ocasiones en las que el pequeño insiste en comer tierra del parque, saborear su zapato o roer su cuento favorito de cartón duro. El chupete permite al niño saciar su instinto de succión sin riesgos.

El chupete ayuda a establecer rutinas

El chupete permite regular los horarios de sueño y alimentación en el bebé.

Todos los padres saben que es importante establecer rutinas cuanto antes. Hacer las cosas en el mismo lugar, a la misma hora y de la misma manera, ayuda a los bebés a conocer las reglas y aceptarlas. También les tranquiliza, porque ven que en su día a día hay un orden y una rutina que les permite prever lo que vendrá después. A la larga, las rutinas proporcionan algo muy valioso: hábitos.

La rutina de cada día

Ahora toca el baño, después viene la cena y luego, a dormir. Lógicamente los bebés tardarán un tiempo en adaptarse, pero poco a poco irán entendiendo que hay cosas que se repiten y eso, lejos de perjudicarles, les encanta y les tranquiliza.

Cuando el bebé sabe lo que viene después, se muestra mucho más relajado y acepta encantado el baño o el irse a dormir a su hora. Por el contrario, si un día le acostamos a las 8 y otro a las 12, si hoy le bañamos por la tarde y mañana por la noche…, se sentirá inseguro y rechazará las necesarias normas para su buen desarrollo y para el transcurrir normal de la vida en familia.

Las rutinas son imprescindibles para que todos sepamos qué toca en cada momento, asumamos obligaciones y responsabilidades. Aún es muy pronto, pero si empezamos cuanto antes a marcar tiempos, nuestro bebé interiorizará la importancia del orden y, el día de mañana, sabrá que cuando toque estudiar, hay que hacerlo, y que si llega la hora de recoger los juguetes, no se puede remolonear.

El chupete cumple su función

El chupete contribuye desde el primer día a marcar las rutinas en la vida del bebé. El niño sabe, por ejemplo, que cuando se lo dan es porque ha llegado la hora de irse a la cama; o que aún es pronto para comer o que mamá está ocupada y no puede amamantarle en ese momento. En definitiva, una de las ventajas del chupete es que enseña al bebé que debe aprender a esperar y a aceptar los horarios.

Ventajas del chupete

El chupete tranquiliza. La succión en sí es un calmante universal para los bebés. Los niños tienen esta necesidad de succión no nutritiva, es un reflejo innato.

El chupete ayuda a conciliar el sueño. Si un bebé está tranquilo, será más sencillo que concilie el sueño cuando llegue el momento de dormir.

El chupete reduce el estrés. Las situaciones de hambre, nerviosismo, estrés tan comunes en la vida de los bebés son más llevaderas con un chupete.

El chupete reduce el riesgo de muerte súbita. No se sabe a qué es debido, pero el síndrome de muerte súbita del lactante parece menos probable en los bebés que utilizan chupete.