El árbol de los chupetes, una bonita iniciativa

En muchas ciudades se establece un lugar donde los niños puedan dejar su chupete y decir adiós a una etapa que, inevitablemente, deben superar.

Arbol de los chupetes

Los árboles de los chupetes, esos lugares públicos llenos de chupetes usados, suelen deberse a la acción de madres que desean ayudar a sus hijos a desprenderse de su preciado amigo y también, algo loable, a algunos ayuntamientos.

En España contamos con árboles de los chupetes en varios lugares, como Torremolinos, Sevilla, Ávila, Badajoz, en el Vall d’Aran, en Cataluña… La última iniciativa en este sentido es el pozo de los chupetes de Logroño, ciudad que ya contaba con su árbol. Ahora los niños van a poder tirar su chupe en el fondo para no verlo nunca jamás.

Una idea bonita

La idea de hacer esta especie de cementerios de chupetes existía ya en otros países, por ejemplo en Suecia, Alemania o Dinamarca. Dicen que el origen de los árboles de los chupetes fue fortuito, que surgió en un parque de Copenhague donde el personal encargado de la limpieza, sorprendido por la cantidad de chupetes que se perdían, decidió colgar en un árbol todos los que encontraban.

En España había costumbre de dejárselo a los Reyes Magos en la noche del 5 de enero o entregarlo a sus majestades en las cabalgatas para que trajeran juguetes más propios de niños de mayores.

El árbol de los chupetes es una bonita confabulación de los adultos para que los niños puedan colgar sus chupetes y olvidarlos para siempre o, si lo necesitan, pasar a verlos alguna vez.

Crecer no es fácil. A muchos pequeños les cuesta cerrar una etapa y necesitan de nuestra ayuda para decir adiós al chupete y seguir avanzando. Es bonito echarles una mano.

Quitar el chupete, mejor poco a poco

La retirada del chupete debe ser gradual para no causar a nuestro pequeño un disgusto innecesario.

Cuando consideremos que nuestro hijo es lo suficientemente mayor como para dejar de usar el chupete, deberemos iniciar una retirada gradual.

¿Cómo quitar el chupete?

Dependiendo de su grado de apego, podemos establecer normas:

Se puede usar dentro de casa pero fuera, no. Cuando vayamos a salir, ya no lo llevaremos encima.

Se puede usar para dormir, pero no durante el día. Conviene elegir un sitio, de acuerdo con el niño, para que sea él quien guarde su chupete durante el día y que solo lo coja cuando se vaya a dormir.

Se puede usar solo en determinados momentos. Si el pequeño está muy apegado a su chupete, iremos eligiendo algunas actividades en las que no lo use, por ejemplo, mientras juega o a la hora del baño.

No hay que ridiculizar al niño cuando lo usa, pero sí elogiarle en los momentos en que no necesite su chupete y decirle lo mayor que es.